Ahora sí, Tijeretazos se renueva…
Bueno, esta vez no es un proyecto, no es una prueba. Finalmente di con esa simplicidad casi extrema que buscaba y sin la que no lograba avanzar. Por lo pronto, está cambiada la portada:
Y la búsqueda ha variado. Antes teníamos un buscador limitado, ahora he implementado el buscador de Google, que busca en Tijeretazos, en .Caos y en este mismo blog (vamos, por todos lados). Eso significa más rapidez, inmediatez, fiabilidad,… y algún “sitio recomendado” por Google. Nada que no suframos de continuo al usar el buscador. Creo que vale la pena.
De momento, aún no he actualizado con nuevos contenidos, pero bien, una vez encontrada la forma (nunca me ha motivado avanzar en algo que no acababa de convencerme), pienso que será mucho más sencillo.
Espero que os guste el lavado de cara.
Escrita por Ferdinand Jacquemort | Guardada en Tijeretazos | 2 escribieron alguna cosaCuando ya no importe… o leyendo a Onetti
Hace una quincena o un mes que mi mujer de ahora eligió vivir en otro país. No hubo reproches ni quejas. Ella es dueña de su estómago y de su vagina. Cómo no comprenderla si ambos compartimos, casi exclusivamente, el hambre.
Nos consolábamos a veces con comidas a las que buenos amigos nos invitaban, chismes, discusiones sobre Sartre, el estructuralismo y esa broma que las derechas quieren universal, saben pagar bien a sus creyentes y la bautizan posmodernismo. Participábamos, reñíamos y adornábamos con nuestras risas las frases ingeniosas. Aquellas cenas a las que no podíamos aportar ni un solo peso ofrecían a un posible observador, tal vez a uno de los comensales que pagaban su parte de la cuenta, un aspecto admirable. Porque merecía admiración la astucia con que ella y yo, sin dejar de reír, despreocupados, robábamos pancitos que caían en la cartera de ella o en alguno de mis bolsillos. Así nos asegurábamos un desayuno seco para cuando despertáramos mañana en la cama de la pensión.
Se fueron acumulando los días casi miserables para triunfar convenciéndola de que yo había nacido para fracasado irreversible.
La muchacha pasaba todo su tiempo en la cama para ahorrar fuerzas, retener calorías. Tal vez estuviéramos en invierno. Creo, no lo aseguro. Y así: ella acostada y yo caminando, ida y vuelta, por la avenida buscando tropezar con algún ser muy amigo al que no me humillara pedirle dinero. Y recuerdo que ya no se trataba de conseguir un peso para que comiéramos. Nunca consulté a los periódicos a cuánto estaba la canasta familiar. Pero en aquellos días el mínimo indispensable había trepado a cinco pesos.
Pocas veces lo conseguía, no por negativas sino por desencuentros. Mis incursiones en la ciudad sólo excluían a los niños. Nunca hice distinciones por sexo. Pocas mujeres encontré.
Juan Carlos Onetti, Cuando ya no importe / Novelas II (1959-1993). Galaxia Gutemberg.
Me hubiera gustado ser capaz de escribir un comienzo así… Pienso que tras un comienzo así todo tiene que ser más fácil. Como con un título tan, después de todo, terrible…
Escrita por Ferdinand Jacquemort | Guardada en Palabras | Palabrejas: Juan Carlos Onetti | 5 escribieron alguna cosaApuntes para un tríptico sobre Francis Bacon


No estoy satisfecho con lo que hice. ¿Cómo estar satisfecho cuando todo se te escapa? Y lo sabes muy bien. Aunque estés enamorado, todo se te escapa. Quieres estar más cerca de esa persona. ¿Cómo vas a abrirte en canal para unir tu carne a la del otro? Es imposible. Ocurre lo mismo con el arte. Es casi como una larga relación con objetos, imágenes, sensaciones y lo que llamamos pasiones. Realmente es así. Puedes querer mucho a alguien, pero ¿cuánto puedes acercarte a él? Por desgracia, nunca dejáis de ser desconocidos.

Wim Mertens, The fosse / Maximizing the audience, 1984.


No intento pintar desesperación, pero lo que ocurre con la vida es que, después de los 30, lo único que hay, básicamente, es la muerte. No es caer en la desesperación, es darse cuenta de que la muerte está cada vez más y más cerca.


- ¿Cree usted en Dios?
- ¿Por qué me hace una pregunta tan estúpida?
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Adam Low, Bacon’s Arena, 2005
Algunas veces, nada es todo
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Jacques Rivette, Une aventure de Ninon / Lumière et Cie, 1995
Escrita por Ferdinand Jacquemort | Guardada en Imágenes | Palabrejas: Jacques Rivette | Nadie dijo nadaDie Nacht, (no)presencias


Grinderman, Electric Alice / Grinderman, 2007.

El cansancio de las ciudades.
Cuando se pronuncia o se escribe algo razonable, siempre parece ridículo o utópico.
(Más allá de la literatura, Heinrich Böll)
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Jean-Luc Godard, Allemagne année 90 neuf zéro, 1991
Escrita por Ferdinand Jacquemort | Guardada en Die Nacht | Palabrejas: Grinderman, Heinrich Böll, Jean-Luc Godard, Nick Cave | Nadie dijo nadaSer Jacques Rivette… otra vez
Creo que hay que hacer las cosas fáciles y dejar las cosas difíciles para los pedantes de turno.
Jacques Rivette, L’amour fou, 1969 / Citado por Serge Daney
en una entrevista con el director


En noviembre de 1969, con la entrevista a Marguerite Duras, Jacques Rivette firma por última vez en Cahiers (que por supuesto seguirán hablando de él como realizador): ahí termina su carrera pública de crítico; con él desaparece, quizás, el último gran moralista de la crítica francesa, el extremista de la puesta en escena, discutible quizás por sus juicios tajantes, pero indispensable si se piensa en su contribución a la indicación de un recorrido crítico a más de una generación. Y en estos años, donde toda orientación cinematográfica, cualquiera que sea, parace haberse perdido, percibimos todavía más su desgarradora ausencia.
Paolo Mereghetti, Jacques Rivette, crítico / Jacques Rivette, «La regla del juego»,
editado por la Filmoteca de la Generalitat Valenciana y la Filmoteca Española

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Jacques Rivette, 36 vues du Pic Saint Loup, 2009
Escrita por Ferdinand Jacquemort | Guardada en Imágenes | Palabrejas: Jacques Rivette | Nadie dijo nadaEl misterio Koumiko

Koumiko Muraoka, que tiene más de 20 años pero menos de 30 y nació en Manchuria, odia la mentira. Asistió a la escuela franco-japonesa. Odia las máquinas de escribir eléctricas y a los ligones. La conocí por accidente en Tokio durante los Juegos. Koumiko no es una japonesa típica, si es que eso existe. Ni una chica típica, ni una chica moderna. No es un ejemplo de nada. Ni de clase ni de raza. No como otras mujeres. Es como las mujeres que son distintas. Lo cual es algo. Vive el día a día. Está asombrada de ser la protagonista de una película. Tiene muy claro que no hará historia. Con todo, ella es historia igual que tú, yo y el Papa. Y Japón está a su alrededor por todas partes.


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Chris Marker, Le mystère Koumiko, 1965
Tentativa de agotar a Anne Wiazemsky fragmentariamente


Robert Bresson, Au hasard Balthazar, 1966



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Jean-Luc Godard, La chinoise, 1968
Jean-Luc Godard, Vladimir et Rosa, 1970
Bellos días, ratones de tiempo
Michel Simon, Serge Gainsbourg, L’herbe tendre
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Bellos días, ratones de tiempo, roéis mi vida poco a poco… (La souris, Guillaume Apollinaire)
Hace un magnífico día de invierno, soleado, un día que es la promesa de todos aquellos otros que vendrán, mejores. Michel Simon y Serge Gainsbourg estaban tumbados en la hierba, y bebían unos vasos de vino. Mientras, cantaban esta canción, la tierna hierba, sin preguntarse demasiadas cosas, que es como hay que cantar estas canciones (y vivir la vida). Y eso es todo.
Die Nacht, sonidos
David Sylvian, The rabbit skinner / Manafon, 2009.
Escrita por Ferdinand Jacquemort | Guardada en Die Nacht | Palabrejas: David Sylvian | Nadie dijo nada