La nueva Tijeretazos (aproximación muy cercana)
Durante los últimos días he abandonado un poco este blog (más aún) para poder concentrarme en el propósito inicial de todo esto, que no era otro más que recuperar Tijeretazos. Así portada tras portada, intento tras intento, fracaso tras fracaso, creo que ya estamos cerca de lo que será la nueva Tijeretazos (si no es que exactamente esto). De momento sólo está a nivel gráfico, luego no va ningún enlace. Digamos que es una aproximación meramente visual. A ver lo que os parece, si es que os parece algo…
Escrita por Ferdinand Jacquemort | Guardada en Flores azules | Palabrejas: Tijeretazos | 9 escribieron alguna cosaDando vueltas alrededor de una silla
Volví. Supongo que tenía que hacerlo. Luego volví. Sin más.
A mediodía miraba esta fotografía de una silla. Como todas las cosas sencillas tiene su complejidad; mejor, sentimos la necesidad de buscarle una complejidad, como si no soportáramos las cosas sencillas.
Miraba la silla y pensaba en la ausencia. Hay algo en esa silla que me invita a pensar en la persona que estuvo sentada ahí, que no conozco, que quizás ni existe. Pero al mismo tiempo, pensaba en por qué no tengo ese pensamiento con cada silla que veo fotografiada, sino tan sólo con ésta, porque las demás no me invitan a nada, las ignoro sistemáticamente, forman parte de todas esas cosas que no me importan. Y he llegado a la conclusión definitiva, que todo ello es debido a que yo me senté una vez ella, y que esa ausencia que siento es la propia, la mía.
Bueno, no en ésta, claro, pero si en una exactamente igual.
Y a la manera de Georges Perec, he intentado hacer un inventario de todas las sillas en las que me senté en mi vida, pero yo carezco de memoria. La perdí hace tiempo y no la he vuelto a recuperar (de hecho, no recuerdo haberlo tenido nunca). Podría inventarlas todas, eso sí, hacer trampa, crearme otra vida, una más, pero correría el riesgo de no dar nunca con ella. Así, e intentado buscar en mi infancia (en lo que me queda de ella… poca cosa), y tan sólo encontré una silla en la que me sentaba cuando iba a casa de la abuela y leía siempre el mismo tebeo. He recordado robos de sillas, sillas de cafeterías, sillas de restaurantes, sillas en las que me sentaba a comer, sillas desparejadas en las comidas navideñas, sillas que se confunden entre ellas, sillas que se rompen, como los caballos, y mueren, irremediablemente, como los caballos. Y sin embargo no logro dar con ella, aún en la absoluta certeza de que existió.
Y así seguiré buscando, hasta que de con ella. Y del mismo modo que tan sólo las cosas que tienen un nombre existen, sólo las cosas que pueden ser recordadas tienen un sentido…
María Durán, fotografía (En ningún lugar)…
Escrita por Ferdinand Jacquemort | Guardada en Flores azules | Palabrejas: María Durán | Nadie dijo nadaIl cielo en una stanza
Quando sei qui con me
questa stanza non ha più pareti
ma alberi,
alberi infiniti
(…)
Io vedo il cielo sopra noi
che restiamo qui
abbandonati
come se non ci fosse più
niente, più niente al mondo.
Hubo un tiempo en que las canciones tenían otra intensidad… otra densidad… Hubo un tiempo en que las cosas eran diferentes, tenían otro significado, en el que escuchar a Mina cantar Il cielo en una stanza nos conmovía de una manera diferente a la que nos conmueve ahora… una manera diferente a la que nos conmoverá… algún otro día… impreciso…
Cuando estás aquí conmigo, esta habitación ya no tiene paredes, sólo árboles, árboles infinitos (…) Veo el cielo sobre nosotros, que permanecemos aquÃí, abandonados, como si no hubiese nada más, nada más en el mundo.
Escrita por floresazules | Guardada en Flores azules | Alguien comentó algoSecretos

Siempre he deseado increíblemente encontrar de noche, en un bosque, a una hermosa mujer desnuda, o mejor dicho, no significando ya nada tal deseo una vez expresado, lamento increíblemente no haberla encontrado. Suponer un encuentro así, después de todo, es algo que no puede tacharse de extravío: podría ocurrir. Me parece que si todo se hubiese detenido en seco, ¡ah! no me vería en el caso de escribir lo que escribo. Adoro esta situación, que es, entre todas, aquella en que es probable que me hubiera faltado presencia de espíritu. Creo que ni tan siquiera hubiera tenido que huir. (Los que se rían de esa última frase son unos cerdos.) Una tarde, el año pasado, en las galerías que se encuentran junto al Electric-Palace, una mujer desnuda, que para mostrarse así no tuvo que hacer más que despojarse de una capa, iba de una hilera a otra, muy blanca. Era ya inquietante. Desgraciadamente, lejos de ser extraordinario, ese rincón de Electric era un lugar de libertinaje carente de interés.
Nadja, de André Breton
Si hay algo que me atraiga de este fragmento, es ese no significando ya nada tal deseo una vez expresado… Ya Umberto Eco señalaba, menos hermosamente que Breton, pero muy justamente, que un secreto desvelado, por muy importante que sea ya no tiene ningún sentido ni valor (de igual modo, algo estúpido que se oculta puede alcanzar proporciones extraordinarias). Ser misterioso sin mayor razón, es decir, sin que realmente haya ningún misterio, es algo verdaderamente agotador. Haberse dedicado durante años a esconder ese vacío personal… Que te confundan con una persona que esconde tantas y tantas cosas cuando lo único cierto es que no hay nada que ocultar…
Escrita por floresazules | Guardada en Flores azules | Palabrejas: María Durán | Alguien comentó algoPierrot le fou

Tierno… y cruel.
Real… e irreal.
Aterrador… y divertido.
Nocturno… y diurno.
Común… e insólito.
Más bello que nada.
¡Pierrot el loco!
¡Me llamo Ferdinand!
Pierrot le fou, de Jean-Luc Godard
Escrita por floresazules | Guardada en Flores azules | Palabrejas: María Durán | 2 escribieron alguna cosaUna mitad…

Querida, por poco que tú te muevas,
renacen todas mis penas.
El cielo estaba tan azul, tan tierno,
el mar tan verde, y el aire tan dulce.
Me asusta siempre -¡lo que es la espera!-
alguna fuga atroz de las tuyas.
Del acebo de hoja barnizada
y del luciente boj estoy cansado,
y del infinito campo
y de todo, salvo de tí, harto.
Spleen, de Paul Verlaine
Verlaine, ese monstruo faúnico de los tiempos antigüos, creía en la belleza con tal intensidad que no le importaba intentar asesinar a su amante Rimbaud o estrangular a su madre y luego escribir cosas tan desgarradoramente hermosas como este poema y otros tantos, muchos…
Escrita por floresazules | Guardada en Flores azules | Palabrejas: María Durán | 2 escribieron alguna cosa¡Tic… tac!

Cito de memoria, traduzco un poco así, infielmente… Bellos días, ratones del tiempo, roéís mi vida poco… He vivido veintiochos años, perdidos, como si nada… Apollinaire conocía el sentido del tiempo… lo conocía de una manera trágica, que su prematura muerte vino a confirmar… Lo conocía como lo conocen todos los que esperan, porque el tiempo, cuando uno espera, toma un sentido emocional, en el que las horas ya no son iguales unas a otras, sino que tienen personalidad, una vida propia, y expresan sentimientos… Uno puede haberse pasado toda la vida sin encontrarle sentido a las siete de la tarde de un domingo, pero un día, esta hora, este instante, puede tener un significado preciso, de adioses, de trenes que se marchan, qué se yo…
Para una persona obsesionada con el tiempo, rodeada de relojes (de pared, de sobremesa, de pulsera, despertadores, radio despertadores, cosas que dan la hora… ordenadores, reproductores de música, de vídeo, televisores…), la espera se convierte en un acto de intensa desesperación, y el mirar los segundos, en una pulsión, un acto estúpido, sí, pero reflejo… reflejo quizás de un miedo a no estar realmente aguardando nada, que nadie llegue, que no ocurra ninguna cosa…
Escrita por floresazules | Guardada en Flores azules | Palabrejas: María Durán | Alguien comentó algoEn un café…

Una vida marcada por los cafés… Sí, desde bien joven… Era el sitio… Aquel café frente a aquella escuela para chicas que querían ser amables con los pasajeros de algún avión, que querían ser como aquella de Chungking Express, de Wong Kar-wai… Sí, eso… Allí, expuestas a aquel camarero algo verde, en aquella cafetería un poco como todas, pero que tenía un piano, que nadie tocaba, o muy de cuando en cuando… no sé, nunca lo vimos… Se estaba bien… Luego se fue, luego cerró, luego cambió… para no volver nunca más… Y durante muchos años, la cafetería del Rialto, de la Filmoteca, con todos aquellos actores y directores de medio pelo, y aquel restaurador un poco loco, que soñaba con pasar unos días en el Hotel Romántico, en no sé que lugar de Barcelona, provincia, que se obstinaba en sentarse a nuestro lado y más tarde con nosotros… Y aquella misteriosa mujer del pelo blanco, con su esperpéntico grupo y, en definitiva, todas esas cosas raras, que seguramente nos marcaron, porque nos dejábamos llevar… Era lo único que hacíamos, dejarnos llevar, dejar pasar los minutos, las horas y los días… los meses y los años… nada glorioso, y sin embargo… Finalmente, aquella otra, en una calle de esas que no son nada, que llevan de un sitio a otro y ese es su único sentido… Toda esa gente de siempre, aquellas dos hermanas, la sofisticación de una frente a la cuidada sencillez de la otra, con esos aires tan de comuna que sólo había visto en las fotografías de las revistas de moda… Estaba el jefe, que luego murió… Esas cosas que se saben por un gesto de los demás… algunas miradas extraviadas, poca cosa… Y más, muchos más cafés, infidelidades a los otros…
Todo para llegar a un último café… escondido en una esquina, viejo, olvidado, exhausto, con un sólo ventilador de aspas, anecdótico, como todo, como el piano escondido, como los espejos desgastados que te hacen formar parte de un tiempo que ni existe ni existió, las luces agotadas, las mesas abandonadas por las máquinas de coser… Un lugar para el encuentro de los brazos izquierdos con las manos izquierdas…
Escrita por floresazules | Guardada en Flores azules | Palabrejas: María Durán | 3 escribieron alguna cosa¡Bualá!

El escritor francés Raymond Queneau escribió allá por el 1965, un hermoso libro llamado Las flores azules en el que dos soñadores se soñaban mutuamente y, en cierto modo, se creaban, con algún que otro siglo de distancia, porque Cidrolín, después de todo, inventaba a aquel duque en la Edad Media desde su barcaza, y éste, Joaquín de Auge, inventaba a aquel hombre del siglo XX. Tiene algo de conmovedor pensar que uno existe porque otra persona, en otro lugar, en otra época, en otro espacio, está soñando con nosotros (bien, en algunos casos son pesadillas, sí… en fín…).
Y bueno, quizás llevados por esa idea un poco ingenua, pensamos en palabras que sueñan con imágenes e imágenes que sueñan con palabras… y en crear un espacio en que esto fuera así, un espacio lleno de flores azules, como ésta, de cosas azules, de letras azules, de cielos azules,… Y eso es todo… Poco pero suficiente…
Escrita por floresazules | Guardada en Flores azules | Palabrejas: María Durán | Alguien comentó algo