Tarde crepuscular de un verano…
Música…
Dos personas que miran una misma cosa nunca ven lo mismo… Yo estuve allÃ, ella también. Y aquellos niños, de todos los tamaños, formas y géneros. Primero eran chinos, luego de todas las nacionalidades. Y un perro también. SÃ, estaba aquel perro, que corrÃa tras una pelota. Y aquellas palomas inválidas de guerras callejeras. Como algo contagioso, jugaban con el agua de aquellas fuentes lunares. Nosotros los miramos durante horas en aquella tarde crepuscular de verano, esperando a Paolo Conte, creo. Ahora, con las fotografÃas de aquel instante, las imágenes retenidas, atrapadas en ese blanco y negro tan especial, se que ella veÃa otra cosa. Pero no cualquier cosa: veÃa lo que yo sentÃa. Y también lo que yo siempre quise ver. Y no supe. Demasiado tarde, siempre demasiado tarde. No, una persona no se puede cambiar por otra.
La fotografÃa es de MarÃa Durán y alguna más (maravillosas) se pueden encontrar aquÃ. La música es de Paolo Conte, luna de mermelada,… Actos de hipnotismo…
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No. No se puede. Lo sé y tanto…