¡Bualá!

El escritor francés Raymond Queneau escribió allá por el 1965, un hermoso libro llamado Las flores azules en el que dos soñadores se soñaban mutuamente y, en cierto modo, se creaban, con algún que otro siglo de distancia, porque CidrolÃn, después de todo, inventaba a aquel duque en la Edad Media desde su barcaza, y éste, JoaquÃn de Auge, inventaba a aquel hombre del siglo XX. Tiene algo de conmovedor pensar que uno existe porque otra persona, en otro lugar, en otra época, en otro espacio, está soñando con nosotros (bien, en algunos casos son pesadillas, sÃ… en fÃn…).
Y bueno, quizás llevados por esa idea un poco ingenua, pensamos en palabras que sueñan con imágenes e imágenes que sueñan con palabras… y en crear un espacio en que esto fuera asÃ, un espacio lleno de flores azules, como ésta, de cosas azules, de letras azules, de cielos azules,… Y eso es todo… Poco pero suficiente…
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Dios mueve al jugador y éste la pieza ¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza?
Besos Borgesianos