Cuando ya no importe… o leyendo a Onetti
Hace una quincena o un mes que mi mujer de ahora eligió vivir en otro paÃs. No hubo reproches ni quejas. Ella es dueña de su estómago y de su vagina. Cómo no comprenderla si ambos compartimos, casi exclusivamente, el hambre.
Nos consolábamos a veces con comidas a las que buenos amigos nos invitaban, chismes, discusiones sobre Sartre, el estructuralismo y esa broma que las derechas quieren universal, saben pagar bien a sus creyentes y la bautizan posmodernismo. Participábamos, reñÃamos y adornábamos con nuestras risas las frases ingeniosas. Aquellas cenas a las que no podÃamos aportar ni un solo peso ofrecÃan a un posible observador, tal vez a uno de los comensales que pagaban su parte de la cuenta, un aspecto admirable. Porque merecÃa admiración la astucia con que ella y yo, sin dejar de reÃr, despreocupados, robábamos pancitos que caÃan en la cartera de ella o en alguno de mis bolsillos. Asà nos asegurábamos un desayuno seco para cuando despertáramos mañana en la cama de la pensión.
Se fueron acumulando los dÃas casi miserables para triunfar convenciéndola de que yo habÃa nacido para fracasado irreversible.
La muchacha pasaba todo su tiempo en la cama para ahorrar fuerzas, retener calorÃas. Tal vez estuviéramos en invierno. Creo, no lo aseguro. Y asÃ: ella acostada y yo caminando, ida y vuelta, por la avenida buscando tropezar con algún ser muy amigo al que no me humillara pedirle dinero. Y recuerdo que ya no se trataba de conseguir un peso para que comiéramos. Nunca consulté a los periódicos a cuánto estaba la canasta familiar. Pero en aquellos dÃas el mÃnimo indispensable habÃa trepado a cinco pesos.
Pocas veces lo conseguÃa, no por negativas sino por desencuentros. Mis incursiones en la ciudad sólo excluÃan a los niños. Nunca hice distinciones por sexo. Pocas mujeres encontré.
Juan Carlos Onetti, Cuando ya no importe / Novelas II (1959-1993). Galaxia Gutemberg.
Me hubiera gustado ser capaz de escribir un comienzo asÃ… Pienso que tras un comienzo asà todo tiene que ser más fácil. Como con un tÃtulo tan, después de todo, terrible…
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Esto es como jugar a las canicas. Siempre habÃa quien hacÃa guá desde varios metros en una parábola mágica.
Algo de eso hay… Yo era de los que volvÃa a casa sin ninguna, después de haberlas perdido todas…
La palabra “guá”… hacÃa tanto tiempo que no la oÃa ( la he oÃdo al leerla) Descubrimiento de blog que intuyo puede ayudarme a deprimirme más( pero esto es bueno, es un piropo) Creo que la literatura es la única filosofÃa de Occidente, la única que tengo al menos yo.
Hola Emma. Bueno, creo que lo verdaderamente deprimente es que no lo actualizo en meses, pero bien, algún dÃa de estos volveremos con él y quién sabe con cual estado de ánimo…
Ferdinand! El ánimo está ahÃ, hay que luchar!
Me encanta tu nombre, por cierto.