Número cuatro: No me gustaría palmarla, de Boris Vian
Roído vivo moriré, hasta el hueso
Por gusanos en fila como versos
Con las manos atadas bajo una catarata
En un triste incendio acabaré abrasado
Me moriré un poco, quizás mucho
Sin apasionamiento, pero con interés
Y, finalmente, cuando todo acabe
Me moriré
Boris Vian, No me gustaría palmarla, de su poéma Me moriré de un cáncer de esqueleto, traducción de Santiago Auserón para Demipage
Boris Vian trompetista, músico de jazz, poéta, escritor habitual, forzador del lenguaje (violador, violentador, perturbador, agitador). Muerto jovencito. Memorable. Sabía que iba a morir jovencito. Eso le da a todo una cierta urgencia y también una necesidad de pasar por todos los sitios, acabar con todo. No me gustaría palmarla es un libro de poémas, que ahora ha salido en una golosa edición, ilustrado. Traducido por mucha gente, ilustrado por otras tantas, bajo el proyecto de otro hombre que sabía que iba a morir pronto, Martin Matje. Así pués, todos juegan con las cartas sobre la mesa, oscenamente incluso: Matje dibuja muertos vivientes y calaveras, Vian se ríe de la muerte (pero poco… no le hace gracia).
Boris Vian es uno de esos escritores cuya obra debe ser leída bien pronto, metida en un frasco bien cerrado, dejada en una armario protegido del sol y la humedad, y recurrir a ella en un futuro en caso de extrema necesidad. Igual es como aquellos tarros de cerezas confitadas que me traía me madre o me compraba yo no sé dónde. Cerezas que uno sacaba una a una, siempre pegajosas, como una delicia de mesas regias. En todo caso, Vian debe consumirse a sorbos, breves, espaciados, y disfrutado, como disfrutaba él de la vida, la vida breve, siempre demasiado escasa.
Jean-François Martin ilustra el poéma Ella estaría ahí y estas líneas…
Escrita por Ferdinand Jacquemort | Guardada en Palabras | Palabrejas: Boris Vian | 2 escribieron alguna cosa