Cosas pequeñas, cosas grandes

July 27th, 2009

No hay región que acabe de gustarme, ya sabéis qué clase de viajero soy.

Se construyen bien las cosas pequeñas. ¡Pero lo que es las grandes! Jamás vi una ciudad bien construida, raras veces una colina bien asentada. ¡Nunca un panorama perfecto!

Si pudiese dar relieve a una provincia…

Henri Michaux, Ecuador. Diario de un viaje, traducción de Cristóbal Serra para Tusquets

Leo este libro del escritor francés, del que ya me fascinó aquel otro libro suyo de viajes, Un bárbaro en Asia. Aquí es más comprensivo. De momento. Leo este fragmento. Pienso en mi mismo, que siempre aprecié las cosas pequeñas (quizás porque no podía apreciar las grandes). Sin embargo, me gustaban las ciudades, y pensaba que una línea discontinua sobre el asfalto o las luces intermitentes y anaranjadas de los semáforos podían ser tan bellas como un riachuelo o el canto de un pájaro. Curioso pensamiento para alguien que vivió hasta las tres años en un estado de salvajismo callejero en una aldea perdida en un lugar sin principio ni final. Ahora tengo mis dudas. Como tengo mis dudas en todo. Soy aquel señor Duda de El diario de un caracol, de Günter Grass. Por eso nunca podré ser un tirano, ni invadir países, ni hacer nada útil (ni inútil): porque dudaré. O quizás si.

Pienso en Josef Sudek (de nuevo). Durante años se dedicó a fotografiar lo que veía desde la ventana de su casa. El viento, la brisa del mar, no demasiado lejano, agita las cortinas inexistentes de mi estudio. Frente a mi, están casi todo los libros que logré reunir, puestos en un respetuoso desorden (respetuoso con la memoria de Georges Perec). Sudek fotografió infinidad de cosas pequeñas, y también aquella carretilla en las obras de la Catedral de San Vito, en Praga, sobre ese montón de tierra. La belleza de las cosas estúpidas. Y una idea… un pensamiento extraviado… la belleza no está contenida en los objetos mirados, sino en la mirada que los observa… Y un temor… cómo transmitirla…