Cosas pequeñas, cosas grandes

No hay región que acabe de gustarme, ya sabéis qué clase de viajero soy.
Se construyen bien las cosas pequeñas. ¡Pero lo que es las grandes! Jamás vi una ciudad bien construida, raras veces una colina bien asentada. ¡Nunca un panorama perfecto!
Si pudiese dar relieve a una provincia…
Henri Michaux, Ecuador. Diario de un viaje, traducción de Cristóbal Serra para Tusquets
Leo este libro del escritor francés, del que ya me fascinó aquel otro libro suyo de viajes, Un bárbaro en Asia. Aquí es más comprensivo. De momento. Leo este fragmento. Pienso en mi mismo, que siempre aprecié las cosas pequeñas (quizás porque no podía apreciar las grandes). Sin embargo, me gustaban las ciudades, y pensaba que una línea discontinua sobre el asfalto o las luces intermitentes y anaranjadas de los semáforos podían ser tan bellas como un riachuelo o el canto de un pájaro. Curioso pensamiento para alguien que vivió hasta las tres años en un estado de salvajismo callejero en una aldea perdida en un lugar sin principio ni final. Ahora tengo mis dudas. Como tengo mis dudas en todo. Soy aquel señor Duda de El diario de un caracol, de Günter Grass. Por eso nunca podré ser un tirano, ni invadir países, ni hacer nada útil (ni inútil): porque dudaré. O quizás si.
Pienso en Josef Sudek (de nuevo). Durante años se dedicó a fotografiar lo que veía desde la ventana de su casa. El viento, la brisa del mar, no demasiado lejano, agita las cortinas inexistentes de mi estudio. Frente a mi, están casi todo los libros que logré reunir, puestos en un respetuoso desorden (respetuoso con la memoria de Georges Perec). Sudek fotografió infinidad de cosas pequeñas, y también aquella carretilla en las obras de la Catedral de San Vito, en Praga, sobre ese montón de tierra. La belleza de las cosas estúpidas. Y una idea… un pensamiento extraviado… la belleza no está contenida en los objetos mirados, sino en la mirada que los observa… Y un temor… cómo transmitirla…
Escrita por Ferdinand Jacquemort | Guardada en Imágenes | Palabrejas: Henri Michaux, Josef Sudek | 2 escribieron alguna cosaJosef Sudek
Aprovechando que hemos cambiado la cabecera de Las flores azules, es bueno dedicarle un pequeño homenaje al autor precisamente de la fotografía que hemos utilizado: el fotógrafo checo Josef Sudek (ese hombrecillo que acompaña este texto). Sudek es sin duda uno de los grandes fotógrafos de este siglo pasado, y lo es desde una posición que nos recuerda mucho a aquella de Hrabal, esa modestia total en la que el mundo no es peso sino que la vida es así y ya está. Ambos compartieron la época y un mundo poblado de cervezas y en ambos la vida es otra cosa. Sudek, que perdió su brazo derecho durante la primera guerra mundial tiene que trabajar como fotógrafo publicitario para ganarse la vida, pero lejos de constituir algo humillante o vete a saber qué cosa, convierte sus trabajos en algo extraordinario por el que la fotografía debe atrapar la forma y la textura de aquello que fotografía, desde un vaso de cristal a una catedral en obras. Poco a poco, logra ir compaginando sus cosas con el dinero de esas otras cosas, hasta que logra desprenderse de ellas, y así va dibujando (imaginando) una obra muy especial, atrapada (obsesionada) por la luz, aquello que más amaba.
Os dejo con una selección de sus fotografías aparecida en El ángel caído… Y bueno, señalar que el Círculo de Bellas Artes de Madrid dedicó hace unos meses una exposición a este hombre y con ella se editó un catálago, que podéis comprar si os interesa su obra o bien descargar de forma gratuita de la propia página de la institución para echarle un vistazo…
Escrita por Ferdinand Jacquemort | Guardada en Imágenes | Palabrejas: Josef Sudek | 2 escribieron alguna cosa