Michelle e hijo al encuentro de la mujer, tragicomedia
Próximamente, el jueves 9 de julio,…
La soledad del corredor de fondo: Sogni d’oro
Próximamente…
Una de monstruos: Totò y Anna Magnani
Estaba meditando que podía colocar hoy, con cuales imágenes soñar, cuando he pensado en Totò, “il grande Totò″, que cantaban en aquella película de Pasolini. Totò, el más grande cómico italiano, quizás europeo, quizás mundial, que dió el cine. Un cómico puro, único, lunático y a la vez terrenal, inmensamente terrenal. Su humor destructivo, su cuerpo de marioneta desencajada,… Risate di gioa, dirigida por Mario Monicelli, reunía en la pantalla a una pareja invencible: el propio Totò y Anna Magnani. Los dos venían del teatro de variedades y se las sabían todas. En la escena que os he traído, pese a que ella era la diva inmensa y furiosa que siempre fue, confesó sentir un pánico enorme por un simple motivo. Tenía a aquel “payaso” a su espalda mientras cantaba y temía lo que podía estar haciendo, es decir, improvisando. No deja de ser conmovedor pensar en el miedo de una frente al otro, el miedo a un triste cómico..
Escrita por Ferdinand Jacquemort | Guardada en Imágenes | Palabrejas: Anna Magnani, Totò | Alguien comentó algoSin nada que contar…
Supongo que hay días como éste en la vida de un apuntador de cosas en los que se da cuenta que no tiene nada que contar… (me viene a la cabeza un libro de ensayos de Heinrich Böll que se llamaba Sin nada que contar a nuestros hijos). Luego piensas que realmente tampoco es necesario estar contando siempre algo, y que bien pensando, uno no es muy hablador, luego ni tan siquiera es sorprendente. Y sin embargo…
Lo cierto es que hay días como éste en el que más que no tener nada que contar es que los pensamientos murieron asesinados, incluso brutalmente asesinados, por ese lado práctico de la vida. Está bien así.
Y bueno, para aportar algo de sentido al día, dejaré un fragmento en el que Jean-Luc Godard se encontró con Carl Theodor Dreyer, Anna Karina con Maria Falconetti y nosotros con el cine, el cine en estado puro. Porque las lágrimas de Anna Karina frente a esa Juana de Arco permanecerán en nuestra memoria hasta el final de los tiempos…
Escrita por Ferdinand Jacquemort | Guardada en Imágenes
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Alguien comentó algo
Josef Sudek
Aprovechando que hemos cambiado la cabecera de Las flores azules, es bueno dedicarle un pequeño homenaje al autor precisamente de la fotografía que hemos utilizado: el fotógrafo checo Josef Sudek (ese hombrecillo que acompaña este texto). Sudek es sin duda uno de los grandes fotógrafos de este siglo pasado, y lo es desde una posición que nos recuerda mucho a aquella de Hrabal, esa modestia total en la que el mundo no es peso sino que la vida es así y ya está. Ambos compartieron la época y un mundo poblado de cervezas y en ambos la vida es otra cosa. Sudek, que perdió su brazo derecho durante la primera guerra mundial tiene que trabajar como fotógrafo publicitario para ganarse la vida, pero lejos de constituir algo humillante o vete a saber qué cosa, convierte sus trabajos en algo extraordinario por el que la fotografía debe atrapar la forma y la textura de aquello que fotografía, desde un vaso de cristal a una catedral en obras. Poco a poco, logra ir compaginando sus cosas con el dinero de esas otras cosas, hasta que logra desprenderse de ellas, y así va dibujando (imaginando) una obra muy especial, atrapada (obsesionada) por la luz, aquello que más amaba.
Os dejo con una selección de sus fotografías aparecida en El ángel caído… Y bueno, señalar que el Círculo de Bellas Artes de Madrid dedicó hace unos meses una exposición a este hombre y con ella se editó un catálago, que podéis comprar si os interesa su obra o bien descargar de forma gratuita de la propia página de la institución para echarle un vistazo…
Escrita por Ferdinand Jacquemort | Guardada en Imágenes | Palabrejas: Josef Sudek | 2 escribieron alguna cosa